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Decadencia del sistema educativo - Empleo de calidad

 
Deterioro y decadencia del sistema educativo (Diario “Río Negro”)
Por Roberto Luis Rulli Ex presidente del Consejo Provincial de Educación de Río Negro

No quiero caer en expresiones apocalípticas, de injusta generalización y escaso valor real. El Dr. Jaim Etcheverry tituló un libro sobre el deterioro de la educación argentina con la palabra "tragedia". Considero que fue un recurso para atraer la atención sobre un grave problema pero no coincido porque la palabra "tragedia", más allá de su significado estricto, remite a muerte y a lo inexorable y sin posibilidades de retorno o superación.

 
Me niego a aceptar que el deterioro y decadencia de la educación argentina sea insuperable e irreversible. Una actitud fatalista y pesimista es justamente el mayor aporte al proceso de deterioro.

¿Existe realmente tal deterioro?
No cabe duda y es verificable técnica, científicamente y a través de la mera experiencia vivencial cotidiana de cada uno.

Bastaría comparar los cuadernos o carpetas de alumnos de hace treinta, veinte o diez años con los actuales para apreciar la tendencia declinante; o ver y escuchar los programas de televisión de preguntas a los alumnos (con mayor o menor seriedad); conversar con nuestros hijos o nietos y retrotraernos a nuestra infancia o juventud. Sin exagerar su validez ni hacerme eco de algunos titulares periodísticos tremendistas puede apreciarse también en el fracaso de los alumnos en las pruebas de nivelación previas al ingreso universitario.

Habrá quienes argumenten que en tiempos pasados el sistema educativo procuraba la erudición, supuestamente no enseñaba a razonar o abundaba en contenidos inútiles. Más allá de no coincidir con las metodologías tendientes al enciclopedismo, considero que son meras excusas que en algunos casos rozan la hipocresía (otro valioso aporte al deterioro).

Las pruebas PISA (Programa Internacional de Evaluación de Alumnos, por su sigla en inglés) son consideradas las más serias del mundo. Evalúan los saberes y sobre todo (en ello radica su valor diferencial) las capacidades de alumnos de más de 150 países en cinco continentes. En América Latina se toman a alumnos de Argentina, Chile, Brasil, Perú y México. Los rendimientos de los alumnos latinoamericanos se ubican en porcentajes equivalentes a la mitad de la media de los países europeos centrales y en un tercio de los más avanzados educativamente como los nórdicos. Argentina perdió absolutamente el lugar preponderante que ocupó en América hispana durante mucho tiempo y sus resultados no difieren en gran medida de los demás países hermanos, estando incluso ligeramente por debajo de algunos de ellos. Hay un agravante: Argentina es el país que más retrocedió y sus rendimientos educativos se comparan con los de Afganistán, asolada por la intolerancia étnica, religiosa, la guerra civil y las invasiones extranjeras. Contra lo que la mitología popular presupone, no hay diferencias apreciables en los rendimientos de alumnos provenientes del sistema público estatal o del subsistema privado argentinos.

Si nos detenemos a pensar que el conocimiento humano avanzó en los últimos 60 años tanto como en los cuatro o cinco milenios anteriores y lo sumamos a estas evidencias, no es apocalíptico concluir que, de continuar esta tendencia declinante, en pocos años literalmente estaremos fuera del mundo educado, mucho más si consideramos que en un proceso dinámico el mero detenerse es retroceder.

De la misma forma, diversas mediciones que por su complejidad no pueden ser detalladas en estas líneas concluyen que ha aumentado en forma muy significativa la segmentación en la calidad educativa o, dicho de otra manera, la distribución del saber es cada vez más desigual, perjudicando a los niños y jóvenes provenientes de sectores más desprotegidos socialmente y, contra lo que debería ser en un sistema democrático, contribuye a consolidar la exclusión y la injusticia social.

El sistema educativo público estatal argentino no sólo dejó de ser el "gran factor igualador" de otrora sino que es esencialmente conservador del statu quo social e incluso factor de multiplicación y consolidación de las injustas diferencias. ¡Muy lejos estamos de la Argentina en la que la educación y en especial la pública era un factor decisivo para el ascenso social!

Analistas pueden sostener que la ampliación de cobertura, especialmente en el Nivel Medio, conlleva pérdida de calidad. Creo que es una justificación inaceptable, ya que indica que no se adoptaron las decisiones estratégicas correctas para absorberla. Podría aceptarse que sucediera durante un período de readaptación del sistema pero no que se consolidara. Además, es el germen de una discriminación que pretende erróneamente solucionar el problema bajando exigencias académicas al único efecto de "mejorar", para no decir "dibujar", los indicadores.

Nos encontramos ante un problema grave, muy grave pero no irresoluble.
Sin duda el primer paso hacia la solución consiste en identificar sus causas. Habrá algunas externas al sistema educativo, sociales casi estructurales y que dependen de otras decisiones políticas de fondo, pero con la misma certeza afirmo que las hay propias del sistema y que, haciendo una hipótesis de fantasía, si mágicamente de un día para otro se superaran las diferencias económicas y sociales sin producir cambios sistémicos educativos, no mejorarían ni la calidad ni la igualdad.

En mi humilde entender las causas son muchas y confluyentes y su ponderación relativa y la medida de su contribución al problema general dependerán en mucho de la postura ideológica del lector. Trataré de enumerar las que estimo importantes sin eludir identificar responsabilidades de las que hay que hacerse cargo:

• La dirigencia política, en especial la que tuvo responsabilidades de conducción del Estado y del sistema educativo en particular, tiene la mayor responsabilidad por haber aplicado políticas erradas o erráticas. Lo asumo con humildad y autocrítica, aunque procure íntimamente excusarme en que intenté cambios tendientes al mejoramiento de la calidad educativa. A veces las conveniencias políticas coyunturales no permitieron aplicar programas de mediano plazo o las presiones y la falta de firmeza ante ellos impidieron las reformas necesarias y sostenerlas en el tiempo.

• Las políticas neoconservadoras aplicadas durante el menemismo y lamentablemente continuadas luego por el gobierno de la Alianza tuvieron un impacto social negativo que incidió fuertemente en los sistemas educativos.

• Hubo un proceso de deterioro de los presupuestos educativos en términos reales aunque se incrementaran sus valores nominales, unido a una mala utilización de los recursos. Los procesos de desfinanciamiento crónico con situaciones de desfinanciamiento agudo de las provincias (verdaderas gestoras y efectoras de los sistemas educativos), ya sea por efectos de la contracción de recursos federales o por errores de administración, y los consecuentes planes de ajuste o ajuste forzado contribuyeron fuertemente a ese proceso.

• Hubo –y sé que es polémico decirlo– una responsabilidad de la dirigencia sindical docente que, en sus luchas por reivindicaciones legítimas y justas, a mi entender excedió en oportunidades los límites aceptables socialmente y adoptó metodologías extremas que afectaron el sistema, especialmente el sistema público que, no dudo, aspiran a defender. No pretendo con esto preconizar ninguna merma de derechos sindicales ni desconocimiento de sus legítimas organizaciones.

• En muchos casos la situación social acuciante ha "corrido" el eje de la razón de ser esencial de la escuela, abandonando parcialmente su centralidad pedagógica.

• También sé que es polémico decir que hay, a mi juicio, una responsabilidad en los docentes en general. Veo una progresiva disminución en la calidad de su labor cotidiana, de su formación específica, una lenta pérdida de vocación y compromiso original y una burocratización que perjudica el sistema. Debo, para ser justo, decir que pueden resultar comprensibles causas de ello cierto desaliento justificado en inadecuadas condiciones laborales y una paulatina disminución del reconocimiento social a la tarea. Esta apreciación no puede ni debe ser general porque son muchos los que se resisten a este deterioro.

• Hay una "intrincada maraña" de normas, prácticas, usos y costumbres del sistema que están obsoletas respecto de las necesidades actuales o que han perdido eficacia por una lenta burocratización que las alejó de su sentido original.

• Percibo que, pese a las declamaciones, hay una pérdida de confianza de la sociedad en su sistema educativo y una desvalorización o por lo menos una baja valorización social del papel de la escuela, a la que muchas veces se manda a los niños y jóvenes a "obtener el papelito del certificado" y no a aprender verdaderamente. Basta leer las encuestas en las que el tema educativo es prioridad para el 10 o el 15% de la sociedad en quinto, sexto o séptimo lugar. Esto se traduce en falta de participación de las familias en las escuelas y en falta de estímulo, apoyo y exigencia familiar a los niños y jóvenes respecto de sus rendimientos escolares.

Hecho este diagnóstico, ya no alcanza con desacelerar la decadencia ni con detenerla. Es urgente e indispensable iniciar con energía un proceso de recuperación efectiva de los niveles educativos tanto en términos de calidad como de igualdad.

 


El crecimiento crea poco empleo de calidad (Diario “Río Negro”)

BUENOS AIRES (DyN) - EL mercado laboral local muestra un "marcado déficit de empleos de calidad", a pesar de la recuperación económica que experimentó la Argentina, sostuvo el último informe del Ieral- Fundación Mediterránea.

"La calidad del empleo es muy baja en Argentina: sólo el 27 % de la población adulta tiene un empleo a tiempo completo en el sector privado formal", indicó el informe del Ieral.

Los técnicos mediterráneos estimaron que "esta proporción ronda el 15 % en las regiones más pobres" de la Argentina y expresaron además que "una gran proporción de la población en edad activa se encuentra fuera del mercado laboral, desocupada o en puestos precarios". Por ello, el informe confió que "hace falta duplicar la cantidad de puestos de calidad para absorber a estos trabajadores". El Ieral admitió que "las condiciones del mercado laboral han mejorado en los últimos años" y recordó que el "desempleo bajó sustancialmente entre 2002 y 2008, tendencia que se retoma en el 2010".



 
 
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