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Estudios - Escuela y Palabra
  
Extienden plazos para policías que quieran estudiar (Diario “Río Negro”)

El Departamento de Bienestar Social, dependiente de la Jefatura de Policía, dispuso extender hasta el 8 de febrero de este año el proceso de inscripción al Plan Fines, que les permitirá concluir la escuela secundaria.
 
Según se indicó desde la fuerza, la medida se tomó debido a la intensa demanda de los últimos días.

Quienes deseen adherirse deberán comunicarse al teléfono (02920) 422374 o bien por correo electrónico a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .

El Plan Fines además contempla la posibilidad de realizar el bachiller libre de adultos, que consta de tres niveles: el A con materias de primero, segundo y tercer año; el B que equivale a asignaturas de cuarto y quinto año y el C o Único para asignaturas específicas.

Desde la Policía se destacó que este programa busca que todos los uniformados de la provincia sigan capacitándose y tiene dos ofertas. 

Una está destinada a quienes hayan concluido el cursado del Nivel Medio pero adeuden materias y otra para quienes tienen totalmente aprobado el ciclo básico del nivel medio (hasta tercer año) y deben cursar el ciclo superior.

 
La escuela, el último bastión de la palabra (Diario “Río Negro”, por Marcelo Antonio Angriman)

Según la Academia española de la lengua, mientras un ciudadano medio utiliza entre 500 y 1.000 palabras para comunicarse cotidianamente, los jóvenes usan algo más de 240. En el diccionario de la Real Academia Española se registran 283.000 palabras (www.fundeu.es). Sólo los muy cultos alcanzan los 5.000 vocablos. Un curioso estudio publicado por Clarín digital el 25 de enero indica que los perros son capaces de distinguir más de 160 palabras.

¿En cuánto influyen las múltiples propuestas que la galaxia digital oferta a nuestros jóvenes para que este retroceso en el vocabulario sea cada vez mayor?

Son los niños, adolescentes y jóvenes quienes más expuestos están al incorrecto uso del lenguaje en la comunicación digital.

La costumbre de enviar SMS con errores, abreviaturas (palabras acortadas que reemplazan letras por otras como la q por la k, el x en lugar del por, el "tkm" por "te quiero mucho", el "qacs?" por "¿qué hacés?"), consonantes equivocadas, omisiones de acentos y signos de puntuación, entre otros vicios, puede resultar perjudicial para los chicos –y no tan chicos– que no han fijado las reglas ortográficas.

Es cierto que desde los celulares no se puede hacer literatura y que las reducciones de palabras responden a cuestiones de simplicidad, costos y tiempo. También que las lenguas se van depurando con el devenir de la historia a formas cada vez más sencillas. El inconveniente es que el ahorro de letras y palabras no se transforme en caldo de cultivo para que la pereza mental y la pobreza de pensamiento se trasladen a otros ámbitos. 

Un problema de fondo
No estamos hablando de una mera formalidad sino de una cuestión más profunda. Se trata del encorsetamiento mental al que lleva la costumbre de expresarse en términos reducidos. Ello no sólo ocurre con buena parte de los nativos digitales sino también con adultos de escasa lectura o roce social y hasta con profesionales que se valen a diario de un lenguaje técnico repetitivo. 

Para Daniel Everett, investigador en Fonética y Fonología de las universidades de Manchester y Pittsburg, "el lenguaje es la herramienta más importante con la que cuenta el ser humano. Es a través del habla primero y de la escritura después que conseguimos formular pensamientos y acumular conocimientos con el correr de las generaciones". Cuando no existe capacidad expresiva en palabras, no sólo sufre el lenguaje sino también el pensamiento.

Como bien señala Sergio Sinay, "leer y escribir son más que prácticas mecánicas. No lee quien liga la letra de un abecedario con otra. Lee quien comprende lo que dicen las palabras, quien puede seguir a través de ellas historias y argumentos, quien capta la sutil diferencia de significados que una misma palabra puede proponer según cómo y dónde se la use, quien disfruta de una metáfora en la que las palabras crean imágenes que las trascienden. Escribe quien hace de las palabras puentes hacia otros y hacia el mundo". Así, los SMS, correos electrónicos y soportes tecnológicos serán útiles en la medida en que sean pensados como medios y no como fines. 

Sobre el particular, en una provocadora hipérbole, Mario Vargas Llosa sentenció: "Si escribes así, es que hablas así; si hablas así, es que piensas así, y si piensas así, es que piensas como un mono. Y eso me parece preocupante. Tal vez la gente sea más feliz si llega a ese estado. Quizás los monos son más felices que los seres humanos. Yo no lo sé". La ocurrente frase no cayó nada bien en círculos de foristas, mas puso en el tapete un tema al que padres y educadores no debieran permanecer ajenos. 

El papel de la escuela
Si los padres y la escuela no cumplen su función educadora, en orden a rescatar la importancia de la lectura y de la escritura en sus hijos y alumnos, poco margen quedará para evitar el empobrecimiento cultural de las generaciones venideras.

La tecnología no es eficaz por mera presencia ni ha sido concebida con vocación pedagógica. Los alumnos no son más capaces sólo por tener netbooks.

La ecuación alumno no pensante-máquina inteligente difícilmente funcione. Soy de los que piensan que es mejor un alumno pensante sin tecnología y mucho más aún un alumno pensante con una máquina inteligente.

Es posible que la dotación de computadoras a cientos de miles de alumnos haya tenido la loable intención de brindar igualdad de oportunidades mas, si tales herramientas son mal utilizadas y se estancan en el chateo, la pretensión educativa perseguida sólo será una quimera. 

La sinergia entre padres y escuela se torna fundamental en tiempos en los que hay cierto regodeo en hablar mal, donde los tuits son utilizados como herramienta comunicativa gubernamental (la presidenta el 5 de enero pasado envió una catarata de 21 tuits al Poder Judicial) y donde en muchos ámbitos la tendencia al menor esfuerzo se admite como un comportamiento aceptado.

La escuela se transforma así en el último bastión de la palabra. Una trinchera desde la que se debe ofrecer resistencia con apertura a distintas lecturas y a la redacción, pues poder redactar significa que se puede razonar. Y es necesario un esfuerzo para ello. 

Pero, además, la lectura y la redacción son llaves que abren las puertas de la imaginación y de la creatividad. ¿Qué será de las futuras generaciones si los jóvenes de hoy no representan a través del juego actuado, si no corren, no saltan, no leen y no escriben? Posiblemente, como señala Tomás Buch en "Informática desde la cuna" ("Río Negro" 19/1/13), "mayor será la probabilidad de que estemos criando robots, autistas más proclives a interactuar con una máquina que con una persona".
 

 

 
 
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