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Jóvenes y empleo formal

30 de agosto de 2009

Sólo un tercio de los jóvenes tiene acceso a empleos formales (Diario “Río Negro”)
Los precarios son de corta duración, baja calificación y mal remunerados


La situación se agravó por la crisis económica, la inflación real y una nueva ley de pasantías. Para que mejore la participación parece requerirse una política integral de inversión social y fortalecimiento del tejido comunitario. os jóvenes tienen más problemas que los adultos para conseguir empleo, principalmente aquellos que integran los grupos vulnerables, o sea los desocupados que no estudian y/o con responsabilidades familiares; los que tienen puestos precarios y dejaron de estudiar, y los que no trabajan ni buscan hacerlo y tampoco estudian. Esta situación se agravó por la crisis económica y la inflación real, es decir la que no puede manipular la actual conducción del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Sólo el 30,4% de los jóvenes tenía empleo formal, incluyendo a empleadores y trabajadores por cuenta propia con capital, según el estudio “Trabajo decente para la juventud en Argentina: diagnóstico y políticas”, presentado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el 2007. Sus autores, Guillermo Pérez Sosto y Mariel Ramos, señalaron que “la mayoría de los jóvenes salta de trabajo en trabajo y son pocos los que conocen la protección legal y la seguridad social”. Coincidió respecto de los dos últimos aspectos Ernesto Kritz, presidente de la consultora Sociedad de Estudios Laborales (SEL), quien aseveró que el 40% de los desocupados tiene menos de 25 años y 8 de cada 10 que trabajan y no cumplieron los 19, integran el mercado informal, desempeñan empleos de corta duración, baja calificación, mal remunerados y no pueden acceder a créditos.

El Observatorio de la Deuda Social en Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) advirtió recientemente que de los jóvenes que en el 2008 estaban desocupados sólo el 46,2% consiguió un empleo registrado o precario; el 15,4% se dedicó a changas, trabajos temporarios o autoempleos, y el 38,5% continuó sin ocupación.

Para Jorge Colina, investigador jefe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), 2 de cada 3 jóvenes de entre 18 y 19 años no tienen los conocimientos mínimos para incorporarse al mercado laboral, ya que no completaron la secundaria o no poseen capacidades básicas de lectura. Si bien las carreras universitarias tradicionales siguen prevaleciendo por la cantidad de alumnos, en varias comenzaron a registrarse disminuciones desde el 2003, mientras en otras con inscriptos poco numerosos, las subas porcentuales son significativas por la creciente demanda, como en enología, frutihorticultura, geofísica, organización de la producción, ingeniería mecánica y comercio exterior.

El Indec, en su última encuesta de demanda laboral insatisfecha (ausencia de oferta idónea de trabajadores para responder a un requerimiento específico de las empresas), subrayó que del 26,1% de las firmas que buscó personal, el 8,5% no alcanzó a cubrir sus necesidades.

Hasta los 25 años existen más dificultades, según el estudio “Jóvenes vulnerables: expectativas y dificultades en su inserción laboral”, que dio a conocer la Confederación General Económica de la ciudad de Buenos Aires, en mayo pasado, y preparó sobre la base de datos de la encuesta permanente de hogares del Indec y del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Aunque bajó la desocupación entre los de 15 y 25 años en la Capital Federal, lo hizo a un ritmo menor que la general en el país. El 40% de esos jóvenes está desempleado y sólo representa el 20% de la población económicamente activa. El mismo estudio planteó que los más afectados “son las mujeres, los jóvenes con menor nivel de educación y los que provienen de hogares pobres”. Referencias adicionales obtenidas demostraron que “los pobres cuentan poco entre los asalariados jóvenes, porque pocos consiguen un empleo y entre los que lo logran muchos se ven obligados a actuar por su cuenta y no como asalariados, en tareas casi marginales como venta en el subte, cartoneo y changas”.

Proceder de hogares pobres hace vulnerables a los jóvenes en el mercado laboral. De cualquier manera, aquellos que se relacionan con organizaciones sociales que trabajan en red, “mejoran sus  expectativas de inserción laboral, están más predispuestos a esforzarse y capacitarse y, además, se integran socialmente a un nuevo ámbito de pertenencia, en el que se valoran la educación y la cultura del trabajo”.Pese a que la ley de pasantías 26.427 está vigente desde el 31 de diciembre pasado, continúa encontrando resistencias. Una encuesta de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina reveló que el 60% de sus asociados no tomará nuevos pasantes y el 59% no renovará contratos existentes. La citada medida pondría en riesgo al menos 45.000 pasantías acordadas por dicha entidad con 18 universidades. “La reforma tiende a terminar con la ‘pasantía basura’ y es cierto que habrá menos de ese tipo de contratos laborales (afirmó Raúl Ojeda, asesor del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social). Hubo cientos de fallos en la Justicia que condenaron el mal uso de la pasantía. La idea es que al empleador no le salga más barato contratar a un pasante que a un empleado”. La jornada laboral del pasante pasó de 6 a 4 horas, con un máximo de 20 semanales, pero aparecieron empresas que manifestaron dudas acerca de que las 4 diarias fueran suficientes para el aprendizaje. También se limitó la duración de la pasantía hasta un año y medio, cuando antes permitía llegar a 4 con las renovaciones. En cuanto a la remuneración, antes se exigía una asignación estímulo y ahora debe calcularse sobre el salario básico del mejor convenio colectivo que tenga la empresa.

Los cambios establecidos por la ley 26.457 hicieron que el 52% de las empresas disminuyera las contrataciones de pasantes, según el reciente relevamiento de la consultora Mercer efectuado a 31 compañías líderes. El 35% continuará con los ingresos establecidos y el 10% no definió si los modificará o no. Por otro lado, el 77% de las firmas decidió rediseñar sus pasantías; el 49% las implementa para reclutar “jóvenes talentos” y el 35% para formar estudiantes y luego efectivizarlos. Las carreras que ahora más se requieren son: administración, contador, ingeniería, recursos y sistemas. “Sin crecimiento, mayor demanda de empleo y mejor distribución del ingreso en favor de los grupos más postergados no habrá inclusión social para los jóvenes”, plantearon los sociólogos Agustín Salvia y Ianina Tuñón al estudiar “Los jóvenes y el mundo del trabajo en la Argentina”. Salvia es profesor titular en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) e investigador jefe del citado Observatorio de la Deuda Social Argentina, en tanto Tuñón es investigadora del Programa de Cambio Estructural y Desigualdad Social del Instituto de Investigación “Gino Germani” de la UBA. Ambos aseveraron que la inclusión de marras “debe ser asumida en el marco de políticas activas de promoción del crecimiento y de reformas laborales que favorezcan el primer empleo”, “precondiciones necesarias para una política integral de inversión social y fortalecimiento del tejido comunitario que permita un mejoramiento sustantivo de la participación y la integración juvenil”.La OIT estimó que el desempleo del segmento joven de este año oscilaría entre el 14% y el 15%, o sea que superaría al del 2008 y seguiría afectando más a las mujeres que a los hombres (dicha tasa para la población económicamente activa, pero del Indec, fue del 8,8% al finalizar el segundo trimestre del año, contra el 8% de igual período del 2008). 
 
Miguel Ángel Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla   Programas del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación “Red de empresas jóvenes con futuro”, es un programa que el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación puso en marcha en el 2006 para quienes tenían entre 18 y 24 años, pertenecían a grupos socialmente vulnerables, no habían finalizado sus estudios secundarios y contaban con escasa o nula experiencia laboral. Más de 30 compañías se vincularon con el mismo y asumieron compromisos de capacitación, educación y ocupación.

Como en esa misma franja de la población del país había 1,5 millones de desocupados a principios del 2008, según el Indec, desde la cartera laboral lanzaron en junio –en principio hasta el 2011– el programa “Jóvenes con más y mejor trabajo” para la inserción laboral de 600.000 que no habían completado el ciclo secundario y buscaban un empleo sin conseguirlo.

Se intentaron encarar acciones que les permitieran concluir la escolaridad obligatoria y realizar experiencias de formación y prácticas calificantes en ambientes de trabajo.En el área de Responsabilidad Social y Empresaria del mismo ministerio procuran, asimismo, la nivelación de estudios obligatorios; la formación en diversas disciplinas y el desarrollo de hábitos y actitudes que favorezcan las inserciones social y ocupacional de los jóvenes. Esto se implementa y financia entre los sectores público y privado y las convocatorias e incorporaciones de postulantes se articulan con las oficinas municipales de empleo (OME) y algunas organizaciones no gubernamentales (ONG).

Intentos similares se encararon con anterioridad en determinados distritos. Por ejemplo, la Dirección General de Empleo del gobierno de la ciudad de Buenos Aires creó “Empleo joven”, en el 2004, que ya capacitó a más de 17.000 desocupados de 16 a 26 años.



 
 
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