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Problemas laborales

20 de marzo de 2012

Argentina, lejos de tener resueltos los problemas laborales (Diario “Río Negro”)
Por JORGE COLINA, economista jefe de Idesa (Instituto para el Desarrollo Social Argentino)

La tasa de desempleo en el cuarto trimestre del 2011 fue del 6,7%, el nivel más bajo en los últimos 20 años ya que la última vez que se observó una tasa similar fue allá por los años 1991-1992.

Definitivamente es una buena noticia. Una noticia que provoca amplia satisfacción, aunque –sin desmerecer su valía– tampoco debería conducir al conformismo. La tentación es grande para pensar que se está cerca del "pleno empleo", pero la verdad es que la Argentina está lejos del escenario en el cual el empleo haya dejado de ser un problema serio.

 

Que la tasa de desempleo sea baja no implica que no haya gente que siga necesitando trabajar. La necesidad de la gente de trabajar para conseguir ingresos adicionales para su hogar se mide por otro indicador que presenta el Indec y no es muy difundido.

Se trata de las tasas específicas de empleo por sexo y edad. Es muy sugestivo observar que, mientras el 69% de los varones adultos trabaja, sólo el 43% de las mujeres lo hace o que apenas el 51% de los varones menores de 29 años tiene empleo y entre las mujeres menores de 29 años el porcentaje de las que tienen empleo es apenas del 33%.

Es decir, hay un largo trecho pendiente por avanzar para generar oportunidades de trabajo. Hay que crear muchos empleos todavía para los que se denominan segundos generadores de ingresos del hogar (las mujeres y los jóvenes que viven con los padres) y los jóvenes, mujeres y varones que ya formaron un hogar propio, se independizaron y no tienen empleo.

El otro desafío pendiente son los ocupados en puestos de trabajo de baja calidad. La mala calidad de los empleos se asocia, en primer lugar, al empleo no asalariado –conformado por los cuentapropistas de baja remuneración, los pequeños emprendedores y los familiares sin salario–.

En la Argentina, siempre según los datos oficiales, de cada 100 ocupados hay aproximadamente 23 trabajadores que son no asalariados. Entre éstos hay dueños de empresas, patrones y empleadores o profesionales liberales, que son los menos, porque se estima que apenas un 20% constituye el universo de los trabajadores con alto capital económico o humano que trabajan por su cuenta. La gran mayoría (80%) son los cuentapropistas de variada y volátil productividad, conformados por aquellos trabajadores que ofrecen sus servicios personales a las familias (albañiles, electricistas, gasistas, plomeros, taxistas, remiseros, jardineros, etcétera) y los dedicados al comercio de manera informal, conformados por los vendedores ambulantes, los quiosqueros o los locales informales.

En cualquier caso, se trata de trabajadores con ingresos a veces razonables pero volátiles y la mayoría de las veces de nivel modesto y sustento precario. Es un universo vasto de gente que se rebusca la vida de la manera que puede dado que no encuentra oportunidades para obtener un trabajo asalariado de alto ingreso y buenas condiciones laborales en una gran empresa formal o acceso al crédito y buenos niveles de ventas para convertirse en pequeños o medianos comerciantes.

En paralelo también aparecen los asalariados no registrados o empleados "en negro", como también se los conoce, que muchas veces son empleados por estos mismos trabajadores no asalariados precarios que, por eso, no están en condiciones de pagar altos salarios o brindar buenos empleos. Los asalariados "en negro" son otros 25 trabajadores cada 100 ocupados más que se suman el universo de los 23 trabajadores cada 100 ocupados que son no asalariados. De esta forma, se está hablando de prácticamente 48 de cada 100 ocupados que son informales, de bajos salarios y condiciones precarias de trabajo.

En este marco, cuando se habla de los porcentajes de aumento de salario que se proyectan para las negociaciones colectivas de este año no hay que perder de vista que, en el mejor de los casos, los convenios colectivos se aplican sobre la mitad de los ocupados, porque la otra mitad trabaja como no asalariado o es un asalariado informal.

El dato no es menor ni secundario, porque si se va a hablar de aumentos de salarios, del 25 o el 30%, se están convalidando tasas de inflación del orden del 20% (la única forma de subir los salarios sin que crezca la inflación es con aumentos de productividad, pero ni en los países asiáticos los incrementos globales de productividad son del nivel del 25-30%).

Entonces, los beneficiados por los convenios colectivos son la mitad de los ocupados, que compensan la inflación y posiblemente obtienen alguna diferencia a favor; los perjudicados son la otra mitad que no obtienen similar aumento de remuneraciones pero tienen que apechugar las altas tasas de inflación que se propugnan por la falta de prudencia en las negociaciones colectivas y que desde hace cinco años están en el orden de los dos dígitos. No es trivial este fenómeno de un mercado laboral segmentado, donde la mitad goza de altos salarios y protección de la legislación laboral y los convenios colectivos mientras que la otra mitad tiene bajos salarios, trabajos precarios e incertidumbre laboral.

Tiene que ver con las pymes y las provincias más rezagadas del interior. La mitad de los ocupados, beneficiados por los convenios colectivos, está en las empresas grandes y medianas y fundamentalmente en la Ciudad de Buenos Aires y la Patagonia; la otra mitad, los marginados de los convenios colectivos, son los que están en los microemprendimientos y las zonas más postergadas del norte argentino. No hace falta indagar demasiado en las evidencias.

El propio Indec muestra que –sacando los cuentapropistas, que son todos unipersonales– el 85% de los trabajadores asalariados "en negro" trabaja en empresas con menos de 25 trabajadores y en la Ciudad de Buenos Aires y la Patagonia los asalariados representan el 80% de los ocupados con tasas de empleo "en negro" del 22%, mientras que en el NOA y el NEA los asalariados representan apenas el 74% de los ocupados y el empleo "en negro" llega al 42%.

En conclusión, que la tasa de desempleo haya llegado a niveles mínimos históricos que no se observan desde hace 20 años está lejos de señalar que el país tiene los problemas laborales resueltos. Y, por eso, ahora habría que concentrarse en el máximo porcentaje posible de aumentos de salario de convenio.

Muy por el contrario, hoy más que nunca, luego de una bonanza económica inédita, es hora de empezar a mirar (y aceptar) que los convenios colectivos cubren a la mitad de los ocupados, que los ocupados no son todas las personas sino que hay muchas mujeres y jóvenes que no se dan por desempleados porque directamente no buscan trabajo ante la falta de oportunidades y que los marginados son los más vulnerables del sistema productivo: los asalariados "en negro", los que trabajan por su cuenta, las pequeñas empresas y las provincias del norte argentino.


 
 
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